Claudio Tapia viajó a Estados Unidos y participó de un homenaje a Charlie Kirk en Mar-a-Lago, una casa que Donald Trump compró al Gobierno hace 40 años y lo convirtió en un club para figuras de la política, la economía y el deporte que suelen mantener vínculos directos con la agenda norteamericana. En ese marco, el presidente de la AFA consiguió insertarse en un momento clave en las relaciones entre la Casa Rosada y Washington.
Durante la cena, Tapia mantuvo una larga charla con Felix Lasarte, asesor de la Comisión de Inteligencia del Presidente y de ese diálogo surgió una invitación para que el máximo dirigente de AFA se junte con Trump en la Casa Blanca previo a la Copa del Mundo que se realizará en el próximo mes de junio.
Lasarte conoce a Trump hace tiempo, ya que quienes siguen de cerca la política norteamericana aseguran que se sumó a sus filas cuando su carrera política era incipiente. Además, forma parte de su círculo íntimo y participa activamente de cada uno de los encuentros de la exclusiva casa de Mar-a-Lago.
El viaje se dio del Sorteo de Copa Mundial, donde la delegación argentina ocupó un rol activo, y la final de la MLS a la que asistió Tapia. Pero el dato político es que esta visita ocurrió luego que Javier Milei decidiera no viajar, generando ruido diplomático. Estados Unidos esperaba su presencia para reforzar la sinfonía bilateral construida durante los últimos meses, en el marco del salvataje económico que fue clave para la continuidad del programa financiero argentino.
En su agenda, el titular de la AFA mantuvo reuniones con funcionarios estadounidenses vinculados a la organización del Mundial y al trazado de políticas deportivas globales. La presencia del dirigente argentino permitió sostener el puente institucional en un momento en que la Casa Blanca esperaba señales claras de continuidad en la relación entre las naciones.
Durante el cónclave, se discutieron cuestiones estratégicas sobre logística, infraestructura y coordinación entre los países. Para los organizadores norteamericanos, la presencia argentina era indispensable, ya que el país sigue siendo un actor relevante dentro del ecosistema FIFA y un socio valioso para eventos globales.
El escenario sumó una capa política porque, en paralelo, el Gobierno nacional venía intensificando sus críticas hacia la conducción de la AFA. Funcionarios y periodistas alineados al oficialismo incluso cuestionaron que figuras como Lionel Messi se mostraran cercanas a Tapia, sugiriendo que debían mantenerse al margen. El comentario más fuerte llegó de parte de Patricia Bullrich, que pidió públicamente que el capitán argentino “se corra del medio”.
Ese clima contrastó con la recepción que Tapia tuvo en Estados Unidos, donde su presencia fue interpretada como un gesto institucional necesario en un momento clave del calendario. A nivel geopolítico, Argentina y Estados Unidos atraviesan una etapa de sintonía, pero Washington tomó nota del cortocircuito que implicó la cancelación del viaje presidencial.
El titular de la AFA también aprovechó el encuentro para intercambiar información con dirigentes que participan de la planificación estratégica del Mundial. En los pasillos de Mar-a-Lago, su presencia fue leída como una ratificación del peso del fútbol argentino a nivel global.
Por eso, lo central de esta visita fue el movimiento político-diplomático que mantuvo a la Argentina dentro del radar de Estados Unidos en el momento justo. Entre tensiones locales, expectativas internacionales y señales cruzadas, Tapia ocupó un espacio que el propio Gobierno había dejado vacío. Y en esa ausencia, la AFA terminó siendo el interlocutor que sostuvo la línea institucional argentina en un escenario donde el poder global toma nota de todo.