"Malestar de la Policía Santafesina": Marchan contra el gobierno de Pullaro en las puertas de la Jefatura URII

En medio de una crisis de sueldos, jornadas inhumanas y falta de contención psicológica, policías de Santa Fe convocan a concentrar este miércoles a las 17 en la Jefatura de la UR II en Rosario. Mientras Pullaro y su “equipo” se sacan fotos y venden épica de seguridad, la tropa denuncia abandono, miseria y una ola de suicidios e intentos de suicidio que el poder tapa con propaganda.

La Policía de Santa Fe difundió una convocatoria para concentrarse este miércoles 4 de febrero a las 17:00 frente a la Jefatura de Policía de la Unidad Regional II en Rosario (Ovidio Lagos y Gutiérrez), con punto de encuentro previo en Esteban de Luca y Callao “en la plaza”, desde donde marcharían hacia Jefatura. La consigna que acompaña las placas es tan directa como dolorosa: “Por el personal que ya no está. Y por los que la siguen luchando.” No es una marcha “política” en el sentido clásico: es, ante todo, un grito de hartazgo por condiciones laborales que describen como incompatibles con una vida digna, y por un abandono institucional que —según denuncian— ya se cobró demasiado caro.

El comunicado que circula entre agentes expone, sin vueltas, un sistema que exige estar fuerte, atento y disponible 24 horas, pero que al mismo tiempo les niega lo elemental: contención real, apoyo efectivo y condiciones dignas de trabajo. Dicen que no cuentan con acompañamiento psicológico efectivo ni con “espacios de escucha genuinos”; que cuando un compañero está mal, muchas veces queda solo; que se les exige “profesionalismo absoluto” frente a violencia, muerte y tragedias humanas, pero sin herramientas para procesar el impacto emocional. En paralelo, señalan que el sueldo no alcanza: no alcanza para vivir, no alcanza para sostener una familia, no alcanza para el desgaste físico y mental al que están sometidos. “La vocación no paga cuentas”, resumen con crudeza.

 

 

A eso le agregan lo que describen como horarios inhumanos: jornadas extensas, francos que no se respetan, cambios constantes, guardias interminables. El cuerpo se agota, la mente colapsa, la familia queda relegada. Y el párrafo más duro del texto apunta al resultado de esa combinación explosiva: el abandono, la presión, los problemas económicos y el desgaste emocional empujan a cada vez más compañeros “a un límite”, con una advertencia que no puede leerse como una exageración liviana: hablan de suicidios e intentos de suicidio, y rechazan de plano que se lo reduzca a “problemas personales”. Para ellos, es una consecuencia laboral, el efecto previsible de un sistema que “exprime y descarta”.

 

 

En ese contexto, lo que encendió todavía más bronca dentro de la fuerza fue la postal de hoy: el gobernador en modo figura, sacándose fotos con la ministra de Seguridad de la Nación y su comitiva local, rodeado de la misma dirigencia que después posa como “equipo” en un escenario de cámaras, aplausos y discursos, mientras —según denuncian los agentes— abajo, en la calle y en las guardias, lo que reina es el maltrato, el agotamiento y el sueldo de miseria sostienen los efectivos.

 

 

 

 

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