-¿Cuáles son las nuevas responsabilidades y posibilidades que presenta la autonomía municipal?
-Durante décadas, Rosario reclamó autonomía porque era absurdo que una ciudad de más de un millón de habitantes tuviera que pedir permiso hasta para podar un árbol. La autonomía significa algo muy concreto: decidir acá, en Rosario, sobre lo que nos pasa todos los días. Para decirlo fácil: Rosario estaba manejando su casa, pero las llaves las tenían otros. Hoy esas llaves van a estar en nuestras manos. Eso se traduce en más capacidad de respuesta, más rapidez para resolver y más herramientas para planificar con seriedad. Y esto abarca definiciones que van desde el manejo de nuestro arbolado público, hasta la posibilidad de emitir un bono para financiar pavimento definitivo, o celebrar convenios internacionales. La autonomía es, en pocas palabras, tener las herramientas necesarias para actuar y resolver sin burocracia los problemas y las necesidades diarias de los rosarinos. Nada de esto es una concesión: es el reconocimiento de que una ciudad de la dimensión y la importancia de Rosario tiene que tener el poder de gobernarse y proyectar su futuro sin depender de la voluntad de otros. Los problemas deben resolverse en el nivel del Estado más cercano de donde se generan.
-¿Cómo crees que impactará positivamente en la ciudad y en sus habitantes?
-El vecino va a notar la diferencia, sobre todo, en los tiempos y en la cercanía de las decisiones. La autonomía nos da la posibilidad de resolver directamente, sin intermediaciones, en función de las necesidades de Rosario. Eso significa que una obra puede iniciarse más rápido, que un trámite se resuelve con mayor agilidad, que las prioridades se ordenan según la mirada de quienes vivimos acá.
Un ejemplo concreto: en 2022–2023, Rosario buscó emitir bonos para financiar obras y esa espera demoró proyectos fundamentales y nos costó millones. Con autonomía, esas decisiones se podrán tomar directamente en la ciudad, ganando tiempo, ahorrando recursos y generando más impacto.
La autonomía no es una varita mágica, pero sí es una herramienta poderosa: nos permite planificar y resolver con más velocidad y administrar con eficiencia. Y eso, en la práctica, significa beneficios tangibles para la vida cotidiana: calles reparadas a tiempo, obras de infraestructura más ágiles, servicios mejor organizados. En definitiva, una ciudad que responde más rápido y mejor.
-La idea de un binomio para el Ejecutivo con la figura del viceintendente: ¿Qué importancia considerás que tendría?
-Creo que la ciudad también tiene que animarse a dar un paso más: que los rosarinos elijan a la segunda autoridad municipal. Un viceintendente electo, que presida el Concejo, fortalece la democracia local y le da más transparencia al sistema. Hoy ese cargo lo define el Concejo, y yo estoy convencida de que trasladar esa decisión a la ciudadanía nos haría más sólidos institucionalmente.
Además, podemos hacerlo sin generar más cargos: si sumamos la figura del viceintendente, podemos ajustar una banca y mantener el mismo tamaño del cuerpo legislativo. Es una cuestión de organización, no de aumentar estructuras.
Rosario se piensa a sí misma como una ciudad moderna, que organiza mejor su gobierno y que confía en la voz de su gente. Si queremos estar a la altura de los desafíos que vienen, necesitamos instituciones fuertes, claras y legitimadas por el voto ciudadano.