Carlos Bulgheroni: la historia del hombre más rico del país que desde una pieza de metal edificó un imperio

Hace un año moría en Nueva York uno de los grandes empresarios de la Argentina. Creó la empresa Bridas a partir del negocio de Ramos Generales de su abuelo en el pueblo de Rufino, y llegó a ser un zar del negocio petrolero. Su historia y el recuerdo de su amigo Giancarlo Elia Valori.

Carlos Bulgheroni: la historia del hombre más rico del país que desde una pieza de metal edificó un imperio

03-09-2017 14:48 hs.

(Rufino: ciudad del sudoeste de la provincia de Santa Fe, en el cruce de las rutas nacionales 7 y 33, a 260 kilómetros de Rosario)
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En 1945 era apenas "localidad". Tierra rica. Más de mil kilómetros cuadrados. Su escudo la define: límpido cielo azul sobre los surcos. Corazón de la pampa húmeda. Los viejos de River recuerdan dos hijos famosos allí nacidos: Bernabé Ferreyra –"el mortero de Rufino"– y Amadeo Carrizo.

Pero otros hijos hubo de los que no sólo hablaría la tribuna: hablarían el país y el mundo.

En esa pampa se instaló –principios del siglo XX– el inmigrante italiano Ángel Bulgheroni, y abrió un negocio imprescindible en esos años… y pionero de una colosal fortuna. Una casa de Ramos Generales. Un pretérito supermarket de hoy, pero más completo: tienda de ropa, almacén, ferretería, maquinaria liviana… Todo para el hombre de campo, bien podría decir su slogan.

Dos hijos tuvo don Ángel: Carlos y Alejandro. Que en 1948, con el impulso de "Casa Bulgheroni", su cuna y sus palotes del abecé del comercio, empezaron a fabricar bridas. Palabra poco familiar para los lugareños…, pero la aprendieron.


La brida es el elemento que une dos componentes de un sistema de tuberías y , permite ser desmontado sin operaciones destructivas gracias a una circunferencia de agujeros a través de los cuales se montan pernos de unión. Algo esencial, entre otras cosas, para el negocio petrolero.

Por eso, convertida ya la iniciativa en empresa, Alejandro Bulgheroni no demoró mucho en bautizarla. La llamó, para siempre, Bridas…

Alejandro Àngel y Carlos Alberto, los Bulgheroni, se complementaban –vale la analogía– como las bridas con los caños. Alejandro –ingeniero– era el señor "día a día", la práctica cotidiana (batalla no menor…), y Carlos –abogado–, el incesante motor de los negocios petroleros. Y así llegó a uno de los mayores tronos del mundo.

En cualquier ámbito del planeta se lo definía como "un negociador incomparable, dueño de una casi infinita agenda de empresarios y políticos, y ávido por fundar un imperio… ¡intercomunicado por caños!".

Tenía también el don de la bi o la trilocación. Estar al mismo tiempo en distintos puntos del mundo. Pero no era magia y poder sobrenatural: sólo su cerebro, y el apoyo de tres secretarias de primerísima línea. Una en Buenos Aires, otra en Madrid, una tercera el Milán, que cubrían todos los husos horarios del globo. Bridas y Bulgheroni 24 horas sin cerrar las puertas ni los ojos.

Su sociedad con la poderosa petrolera china Cnooc (50 y 50 por ciento). A su vez, ambas integran el 40 por ciento de Pan American Energy: el otro 60 es de la British Petroleum. En 2012 compraron la filial argentina de Esso, que actualmente explota ahora con su marca Axion. Eso –y mucho más– es Bridas Corporation.
Y los Bulgheroni, según la lista de millonarios 2016 de la revista Forbes, la familia más rica de la Argentina, con una fortuna de 4.800 millones de dólares. Cifra que, aunque ambos hermanos pasaron del puesto 283 en 2015 al 324 el año siguiente, supera –en este orden– a Eduardo Eurnekian, Gregorio Pérez Companc y Alberto Roemmers.

Además, por si poco fuera, Alejandro Bulgheroni, en plan de diversificación –alimentos y viñedos– inauguró en marzo del año pasado la Bodega Garzón: un proyecto que ronda los 85 millones de dólares.
Las 2.200 hectáreas de Garzón, norte de Punta del Este, incluye ya doce viñedos en cuatro continentes.

Volviendo a Carlos… Al promediar los 90 asombró al mundo con una jugada altamente atrevida y riesgosa. Empezó a negociar con los líderes fundamentalistas del Asia Central para exportar el gas de Turkmenistán, porque encontró en ese país (ex parte de la Unión Soviética) inmensas reservas gasíferas.

Ese primer intento no cuajó. Pero instaló a Carlos Bulgheroni en el primer occidental que avanzó comercialmente en ese explosivo mundo.

Pruebas al canto… En 1994 negoció nada menos que con los feroces talibanes, y también con sus enemigos (la Alianza del Norte), para construir un gasoducto que atravesara el no menos explosivo Afgnanistán: una bomba de tiempo cotidiana. Proyecto: que Bridas encabezara un consorcio para conectar con 1400 kilómetros de caño las reservas de gas de Turkmenistán con India, Pakistán, y alcanzar la frontera China.

Bridas se presentó en 1992 a una licitación que grandes popes de la industria consideraron una locura. Pero como única empresa interesada… ganó la concesión del campo de Yashlar, fronterizo de Afganistán, y luego Keimir, otro campo en sector oeste.
Invirtió 400 millones de dólares, empezó a exportar petróleo, y en el 95 –como premio mayor a la audacia– descubrió un yacimiento gigante de gas en el desierto de Karakum.

Por supuesto, este largo ajedrez en tierras calientes exigió de Carlos Bulgheroni convencer a terribles Señores de la Guerra que dominaban las tierras por las que debía pasar, como una fabulosa serpiente, el gasoducto.
¿Corrió peligro su vida, además del riesgo del fracaso? Nada. Cero.

Y lo explicó con frío y racional argumento: "Más allá de los conflictos, los afganos comprendieron que debían reconstruir su país, y que no había otro camino que la inversión extranjera".

Del mismo modo, su carácter no vaciló para iniciarle juicio a las empresas Unocal y Delta ante las cortes de Texas por 15 mil millones de dólares.
Motivo: "Interferencias tortuosas en relaciones de negocios".

Pero un drama inesperado les exigió a los dos hermanos temple de acero.
En 1974, pleno período guerrillero, el llamado "Ejército Revolucionario del Pueblo" (ERP) secuestró a su padre.

La tensa negociación, con la muerte aleteando, duró un mes. Ninguno de los hermanos reveló el suceso. Iban a trabajar todos los días, y decían que el padre, por un episodio cardíaco, debía hacer reposo.

El primero de julio del 74 murió Perón. El hombre seguía secuestrado. Más temor: ¿cómo reaccionarían los delincuentes? Pero un mes después, dinero de por medio, lo liberaron.
Es insoslayable, al recordar a Carlos Bulgheroni, mencionar a su gran amigo italiano y poderoso empresario Giancarlo Elia Valori,
presidente de la merchant bank La Centrale Finanziaria Generale, La Centrale International, miembro honorable de la Académie des Sciences del Institut de France, y titular de cátedras en la Yeshiva University de Nueva York, Hebrew University de Jerusalem y Peking University.

Desde Siena, en la Toscana italiana, donde pasa sus vacaciones, habló con Infobae.

–¿Qué recuerda en especial de Carlos Bulgheroni?

–Ante todo, fue mi amigo. Pero también un hombre simple y concreto. Alguien apasionado por el desarrollo de la Argentina y de América latina. Siempre me decía: "Hay que hablar menos y hacer más".

–¿A quiénes admiraba, con quiénes coincidía política y económicamente?

–Como yo, era un enamorado del desarrollismo de Frondizi y Frigerio. En el año 68, durante un congreso Europa–América latina sobre estrategias para el futuro, ya vio claramente cuál era el camino a seguir…

–¿Tenía otro modelo, además de Frondizi–Frigerio?

–Sí. Un hombre clave: Enrico Mattei, el presidente del Ente Nacional de Hidrocarburos. Un gran italiano, desgraciadamente…, bueno, usted sabe lo que pasó… (Nota: Mattei murió en 1962, a los 68 años, al explotar su avión particular cerca del aeropuerto de Linate, Milán. Nunca se aclaró la causa, pero las sospechas apuntaron a un atentado).

–¿Qué experiencias compartió con Bulgheroni?

–Muchas misiones relacionadas con los mercados internacionales. Israel, China, etcétera. Pero no sólo en ese plan: también como amigos personales. No se olvide que Carlos tenía unos gramos de italiano.

–¿En qué cosas fundamentales estaban de acuerdo?

–En que nuestra amistad y nuestra colaboración tenían que servir para crear una gran potencia industrial. Desgraciadamente, los malos militares, que tanto daño le hicieron a la Argentina, frenaron mucho el avance de un nuevo orden político y económico internacional.

–¿Cuál fue el mayor aporte de Bulgheroni en el plano internacional, su legado?

–Su visión de futuro, y sobre todo la apertura de negocios en países asiáticos.

–¿Cuándo lo vio por última vez?

–El año pasado, en Roma, para Pascua. Y nunca olvidaré su compañía cuando murió mi madre…
Carlos Bulgheroni, el gigante, el capitán de industrias, el ciudadano del mundo, el padre de tres hijos (Marcos y los mellizos Benicio y Oliva, de sus dos matrimonios), el zar del edificio más elegante de "La Isla", frente a la embajada de Inglaterra, donde tenía dos pisos más un tríplex… libraba desde hacía más de cuatro décadas la batalla más difícil, más callada, y de final más imprevisible…

En 1973, a sus 28 años, diagnóstico de cáncer en los ganglios. Los mejores especialistas del planeta coincidieron: "Apenas cinco meses de vida". Pero él era Carlos Bulgheroni. No se entregó.

Vivió, hasta el final, una existencia paralela que exigió doble o triple esfuerzo: los híper negocios internacionales, la danza de millones, y la obstinación por esquivar la muerte.

Desde el día del diagnóstico fatal empezó a viajar todos los años, al menos una vez, a los Estados Unidos, para ser tratado con las mejores técnicas.
Y pasaron los cinco meses, y los cinco años, y los diez años… y los cuarenta y tres años, y siguió vivo, activo, triunfador.

Pero el viernes 2 de septiembre, a pesar de una mejoría temporal, aparecieron complicaciones de una necesaria cirugía practicada en junio. Las sombrías noticias reunieron en Nueva York, de urgencia, a Marcos, su hijo mayor, y su familia, lo mismo que su hermano Alejandro, Natalia Cobo, su segunda mujer y madre de los mellizos.

Carlos y Natalia habían decidido radicarse en Nueva York porque era evidente que el cáncer necesitaba una etapa más intensa.
Pero esta vez no hubo tiempo ni fuerzas. En la madrugada del 3 de septiembre -hora de la Argentina- ya en terapia intensiva, su corazón se apagó. Tenía 71 años.

Pasado el mediodía, parte oficial: "Bridas, Axion y Pan American Energy (PAE) lamentan informar el fallecimiento, en la madrugada de hoy sábado 3 de septiembre… Etcétera. De forma.

Todo lo demás, su imperio, los caños que unen países pacíficos y países explosivos, y la energía arrancada de las entrañas de la tierra, siguen en pie. Mueven una gran parte del mundo para que no sea tan ancho y ajeno.

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