Los medios ya no hablan de Aníbal Fernández, porque si lo investigan también tienen que hacerlo con Ernesto Sanz

En los últimos tiempos venimos viendo cómo el arte de hacer política para mejorar la calidad de vida de la gente se transformó en una carrera loca y despiadada por realizar denuncias penales contra cualquier político que pueda generar un punto más de rating en televisión.

Los medios ya no hablan de Aníbal Fernández, porque si lo investigan también tienen que hacerlo con Ernesto Sanz

03-08-2016 10:18 hs.

Eso sí, la denuncia tiene que ser políticamente correcta, en definitiva contra aquellos que perdieron la elección; si la denuncia se realiza contra un integrante del Gobierno actual, hay que archivarla rápidamente. La Justicia dejó de ser un instrumento del Estado para convertirse en un arma de la política.

Durante años vimos cómo Ibar Pérez Corradi era perseguido por el triple crimen de General Rodríguez; el máximo responsable del tráfico de efedrina, un hombre que si venía al país podría abrir la Caja de Pandora; en el imaginario popular era la solución para todos los problemas del crimen organizado.

Como paradoja del destino, ese día tan soñado llegó; un poco por suerte, otro poco por el fin de la protección que le daba el kirchnerismo, y finalmente porque el Estado comenzó a hacer lo que tenía que hacer: impartir justicia.

Pero lo que todos añoramos durante varios años no cubrió las expectativas del gobierno de turno, los grandes titulares de los matutinos porteños tenían a Pérez Corradi como el gran delator de Aníbal Fernández, la gran amenaza narco argentina.

Pero, por descuido o con sana intención de contar la verdad, Pérez Corradi señaló que le habían pagado una importante suma de dinero a Ernesto Sanz para que acepte el jury de enjuiciamiento contra Federico Faggionato Márquez. Después de la gran sorpresa, vino el fin del relato.

Esa declaración causó indignación en el Gobierno, que, por descuido o inoperancia, no lo pudo prever, y sintió en carne propia el dolor de haber recibido un tiro en su línea de flotación. Fueron horas de zozobra y desesperación. La pregunta que revoloteaba por los pasillos de la Casa Rosada era: ¿Cómo hacemos para callar a Pérez Corradi?.

Dejó de ser el gran salvador del modelo de transparencia macrista para ser un simple delincuente, al que no se le podía creer nada; y la orden fue clara: hay que sacar el tema de los medios. Y, una vez más, Pérez Corradi se hizo humo.

Los medios ya no hablan de Aníbal Fernández, porque si lo investigan también tienen que hacerlo con Ernesto Sanz, y no es políticamente correcto. El Gobierno comenzó con el plan de distracción.

Se iniciaron acciones contra Daniel Scioli; las tapas de diarios con la denuncia serán moneda corriente en los próximos meses. Pero también comenzó la negociación desde las más altas esferas del Gobierno con el poder judicial, para que no detengan a la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner; sirve más como imputada procesada que como detenida; “no sea cosa que creemos un mártir”, exclaman los macristas.

La Gobernadora, María Eugenia Vidal, rápida de reflejos, salió a aclarar a través de varios funcionarios que no existían irregularidades en la gestión anterior que no fueran las denunciadas oportunamente. Nadie sabe si fue un acto de defensa a futuro o un freno a las pretensiones de Lilita Carrió. Pero la defensa existió.

Margarita Stolbizer construyó su imagen social en base a denuncias penales, y no a hechos concretos de política que le permitan a la gente vivir un poco mejor. Lo cierto es que recorre, con su túnica blanca de transparencia institucional, todos los canales hablando de lo malo del scioli-kirchnerismo, pero nada dice de la gestión actual. Hoy no es prudente, por las en-cuestas; hay que esperar hasta la elección del 2017.

Lo que el Gobierno no ha podido lograr con acciones concretas de gestión, lo ha logrado el poder judicial: acaparar la atención de la sociedad. Pero lo cierto es que los problemas sociales de este país siguen sin resolverse; a la gente le cuesta cada vez más llegar a fin de mes, las tarifas de los servicios públicos, en algún momento van a llegar, y alguien las va a tener que pagar. El hu-mor social, seguramente, empeorará.

En el mientras tanto, la Corte Suprema de Justicia de la Na-ción sigue estando ausente; no quiere poner las cosas en orden, sabe que mientras los jueces sigan gobernando con sus sentencias le da tiempo al Gobierno del presidente Macri para acomodarse y aprender a gestionar.

Los argentinos tienen paciencia, pero no son tontos, y el hecho de tener un Gobierno judicial no es para siempre, las encuestas así lo marcan; en cualquier escenario electoral, sin importar quién sea el candidato, el frente Cambiemos pierde las elecciones en 2017. Sólo está en la decisión del presidente Macri tomar las riendas y decidir si quiere un Gobierno democrático o seguir con un Gobierno judicial.


*Director de revista La Tecla
Por Mario Baudry

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