Desde Silicon Valley lucha contra el desempleo joven

El argentino José Aberg Cobo decidió dar un giro en su vida y junto a su familia se radicó en Silicon Valley (EE.UU.), la “meca” de las tecnológicas. Instalado en Cupertino, muy cerca de la sede central de Apple, creó Mangowin, una plataforma que busca conectar empresas con jóvenes que buscan trabajo. Previamente se había desempeñado en empresas como Techint o Telefónica.

Desde Silicon Valley lucha contra el desempleo joven

04-11-2015 07:05 hs.

Periodista: ¿Cómo decidió radicarse en Silicon Valley?

José Aberg Cobo: Vinimos con mi mujer y 4 hijos en febrero de 2013. Queríamos tener una experiencia familiar enriquecedora, en donde los más chicos pudieran aprender inglés y conocer una cultura distinta. Llegamos a través de un programa de inmersión organizado por SV Links y finalmente tomamos la decisión de quedarnos en Silicon Valley. Los beneficios de vivir en esta zona son numerosos: acceso a capital de riesgo, expansión de red de contactos, cercanía a un centro de innovación notable mediante las universidades tales como Stanford o Singularity. Elegimos la ciudad de Cupertino porque tiene muy buenos colegios y tenemos 2 hijas especiales que necesitan mucho apoyo escolar.

P.: ¿Cómo surgió la idea de Mangowin?

J.A.C.: Fue a partir de una experiencia personal dolorosa de estar desempleado por casi un año. Eso me motivó a tratar de ofrecer una solución a la desocupación, un tema que me preocupa mucho en especial en jóvenes, utilizando la tecnología que ofrece alternativas para conectar con oportunidades de trabajo de una manera muy simple, eficiente y a bajo costo.

P.: ¿Cuál es el modelo de negocio que lleva adelante?

J.A.C.: Mangowin.com es un marketplace laboral, donde hay ofertas y demandas de trabajo. A través de la herramienta, las empresas pueden postear trabajos y buscar candidatos para entrevistar. A su vez, las personas suben sus perfiles. Nuestro modelo de negocio contempla cobrarle una tarifa baja a las compañías por cada persona preclasificada con la cual conectan, por lo que es un negocio de volumen.

P.: ¿Cómo llegan los jóvenes y las empresas a Mangowin?

J.A.C.: Hacemos talleres vocacionales con planes de carrera en colegios, escuelas técnicas y universidades. Luego organizamos un evento en la institución donde invitamos a las empresas. El mercado al que apuntamos es el entry level, es decir el primer trabajo de un estudiante o de un adulto que empieza desde el primer nivel de la empresa. También nos interesa conectar a la gente con discapacidad, tanto motriz, como mental.

P.: ¿Qué pasos previos debió dar para hacer realidad el proyecto?

J.A.C.: Aplicamos una visa de inversor, desarrollamos un plan de negocios y debimos demostrar que nuestra intención era seria, con el hecho de, por ejemplo, alquilar una oficina o contratar empleados. Empezar no fue difícil, lo complicado es hacer el negocio viable, crecer, hacerlo sustentable y estar innovando constantemente. El costo de desarrollo en EE.UU. es muy caro, por eso decidimos contratarlo en la Argentina cuya calidad es excelente. Actualmente somos un equipo de 6 personas.

P.: ¿Qué oportunidad vio para el negocio en Silicon Valley?

J.A.C.: En esta zona la gran mayoría de las empresas necesita contratar personal y no encuentran suficientes candidatos para cubrir sus puestos vacantes. Cada año se crean casi 5.000 nuevas empresas.

P.: ¿Por qué Mangowin?

J.A.C.: El nombre salió de una de nuestras frutas preferidas en casa, el mango, y win porque queremos que mucha gente pueda ganar un mango con este proyecto.

P.: ¿Cuál es la inversión que debió hacer para el proyecto?

J.A.C.: Con parte de nuestros ahorros. Con mi mujer tenemos previsto invertir hasta u$s 200.000. Es como si nosotros fuésemos los inversores ángeles y operadores a la misma vez. Es una apuesta de alto riesgo.

P.: ¿Qué proyección hace para el mediano y largo plazo en relación con el negocio?

J.A.C.: Nuestro objetivo último es que la herramienta se utilice globalmente.

P.: ¿Cuál es el balance que hace de su estadía en EE.UU.?

J.A.C.: Ha sido una experiencia familiar y profesional muy intensa y rica, aunque a la vez desafiante. El balance es totalmente positivo. Sin embargo, cuando uno vive fuera de su país, donde tiene toda su familia y amigos, extraña mucho los afectos.

P.: ¿Y cómo es la ciudad de Cupertino?

J.A.C.: Tiene 60.000 habitantes, y está a una hora de San Francisco. Tiene infraestructura de primer nivel. Es un lugar muy ordenado y limpio, cerca del mar y las sierras. Gran parte de los residentes son extranjeros procedentes de China e India. No hay edificios altos. La vida social está bastante limitada. Por ejemplo, coordinar una comida con amigos o un programa para los chicos, requiere organizarlo con al menos 3 semanas de anticipación, sobre todo si son familias de cultura diferente a la latina. El costo de vida es alto, pero es la inversión que uno tiene que hacer para poder estar en este lugar único.
 

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